Un Manejo De Cuencas Por Y Para La Gente:
Una Vision De ONGs
Towards People Oriented River Basin
Management: An NGO Vision
Borrador
Final, Marzo del 2000
Contribución al proceso de la
Visión Mundial del Agua y al Segundo Foro Mundial del Agua
Traducción: Osana Carmela Bonilla
c/o Both ENDS
Damrak 28-30
1012 LJ Amsterdam
Holanda.
email: water@bothends.org
fax 31-20-6208049
INTRODUCCION.............................................................................................................3
1. CONTEXTO Y DESAFÍOS......................................................................................................
1.1 Introducción.................................................................................................................
1.2 Causas de la degradación de cuencas y la
exclusión social.......
1.2.1
Desarrollo.....................................................................................................................
1.3 El Principio del ‘Dominio Eminente’....................................................................
2. HACIA DÓNDE
IR ?..............................................................................................................
2.1 Replanteando los objetivos del manejo de
cuencas......................
2.2 Toma de decisiones..................................................................................................
2.3 Derechos a la tierra y al agua........................................................................
2.4 Las instituciones y la capacitación...............................................................
2.5 Enfoque del Ecosistema.....................................................................................
2.6 Tecnología y planeación......................................................................................
2.7 Rehabilitación /Restauración............................................................................
2.8 El género como un medio y un fin....................................................................
LITERATURA.................................................................................................................30
INTRODUCCIÓN[1]
En el contexto del proceso de la Visión
Mundial del Agua es vital que no se pase por alto que la mayoría de la
población no tiene ningún o insuficiente acceso a ella y a otros recursos,
porque éstos son explotados de acuerdo a los fines particulares de unos pocos
grupos de interés poderosos. Por lo tanto, el presente documento enfoca el
proceso de toma de decisiones, participación y poder.
Las
organizaciones que respaldan esta Visión consideran el manejo de cuencas desde el punto de vista de las condiciones
de vida de la población local, prestando especial atención a la posición de los
grupos desfavorecidos y de las mujeres, en particular. En este sentido la
‘condición de vida sostenible’ hace referencia a ”...las capacidades, los
bienes (materiales, sociales y culturales) y las actividades necesarias para la
subsistencia. Una condición de vida es sostenible cuando es posible hacer
frente y recuperarse de situaciones de tensión o choque, mantener o mejorar las
capacidades y bienes sin deteriorar la base de recursos naturales.” (IDS,
1998: p. 5). El punto de partida del análisis es que los actuales problemas
sociales, económicos y ecológicos que acompañan el manejo de la mayoría de las
cuencas , sólo pueden ser resueltos si son entendidos como conflictos sobre el
control y uso de los recursos naturales.
Este documento se basa en los conocimientos y
opiniones que surgieron durante las consultas regionales llevadas a cabo en
Kenia, India, Brasil y Polonia respectivamente. Y aunque este documento se
refiere a los problemas y oportunidades que prevalecen en el hemisferio Sur,
las observaciones, conclusiones y recomendaciones también aportan un mensaje
para el manejo del agua y de las cuencas
en el Norte.
El presente documento de Visión de ONGs está
organizado en dos partes. La primera identifica las causas de la degradación de
las cuencas y otros ecosistemas de agua dulce[2],
y la marginación de los grupos sociales más débiles, los habitantes de las
zonas rurales, las comunidades indígenas y los pobres de las áreas urbanas. Se
presta una especial atención al papel actual y potencial de las mujeres en el
manejo del agua dulce[3].
En esta primera parte, se critican los
supuestos en los que por lo general se basa la planeación de las cuencas . Se
hace referencia al mito de la ‘participación popular’ y se describe cómo los
obstáculos, que impiden una participación real, limitan a los grupos marginados
en el ejercicio de papeles verdaderamente activos en el manejo del agua.
El segundo capítulo presenta una Visión de
las ONGs. Allí se enumeran una serie de principios claves y enfoques para un
manejo participativo de las cuencas y
ofrece recomendaciones específicas para los políticos, los donantes, los
profesionales relacionados con el sector agua, el sector educativo, el sector
privado, las mismas ONG y los actores locales.
Una
Visión sobre el manejo de cuencas requiere que se reconozca que el conflicto de
intereses y la falta de compromiso y participación real en la toma de
decisiones, son una parte inherente a los problemas asociados al manejo de los
recursos naturales.
“Por siglos, las
civilizaciones humanas florecieron a orillas de los ríos principales. Desde
entonces hubo conflictos por el agua. Pero si se miran los diferentes
continentes, regiones y países, a lo largo de los siglos, se puede ver que han
surgido ciertos sistemas de manejo que minimizaron ... tales conflictos. Sin
embargo, hay que tener en cuenta que los actuales sistemas de manejo trabajan
(predominantemente) en niveles geográficos distintos a las cuencas . Las
fronteras nacionales, regionales y de
los distritos sólo se han desarrollado traspasando los ríos, las
cuencas y las vertientes,
...tratando de abarcar más recurso natural.” (D. Narasimha Reddy)
Las condiciones de la mayoría de las
cuencas tanto en el Norte como en el
Sur reflejan la distribución del poder y las tendencias socioeconómicas
dominantes en la sociedad. Las represas, los canales de navegación, el control
de las inundaciones y las estructuras de riego son los signos más obvios de la
intervención sobre el curso de los ríos. Aparte de eso, la tala de árboles, la
minería, la industrialización, el pastoreo, la agricultura, y la urbanización
tienen todas ellas un impacto en los ríos, lagos y las tierras que éstos drenan
- la cuenca. (Abramovitz) Hacia fines del siglo veinte, aproximadamente dos
tercios del total mundial de las corrientes
estará regulado[4].
Las consecuencias socioeconómicas de la
continua degradación de las vertientes y las cuencas en su totalidad, se manifiesta probablemente más en los países en
vías de desarrollo y en algunas partes de la antigua Unión Soviética. En estos
países, la severa degradación de los ecosistemas vitales y la pérdida de la
diversidad de especies deterioran las condiciones de vida de la mayoría de los
hogares rurales. Aparte de afectar directamente sus modos de subsistencia, esa
degradación del ecosistema puede tener impactos extremadamente negativos sobre
la identidad cultural y social de las comunidades locales (Censat “Agua Viva”).
Igualmente, la destrucción de estos sistemas de agua dulce ha afectado el bienestar de los pobres de
las áreas urbanas.
Por lo general, el manejo de cuencas aún se enfoca en un solo elemento a la vez –
ya sea la navegación, la irrigación, la generación de energía o la explotación
de aguas subterráneas (Abramovitz, 59). Hay un fuerte sesgo hacia las
estructuras centralizadas e intensivas en capital para transferir agua con el
fin de cubrir las demandas nacionales identificadas. Estas intervenciones
sectoriales a gran escala, fallan en la protección de las funciones ecológicas
fundamentales de los ríos y vertientes
(Postel, 28). Las pérdidas socioculturales y ecológicas consecuentes son
tratadas como externalidades. De hecho, los proyectos de desarrollo que crean
nuevo acceso a los recursos escasos, a menudo incrementan las desigualdades
existentes, marginando aún más a los grupos socioeconómicamente más débiles y
apoyando las actividades de los sectores más poderosos de la sociedad.
Como se detallará luego, unos pocos políticos
y profesionales han mostrado un compromiso o competencia en lo referente a la
‘ingeniería social’ dirigida a condiciones de vida sostenibles, lo cual
requiere de paciencia, humildad y compasión por un proceso justo de manejo en
verdadera unión con todos los diferentes actores involucrados, incluyendo
particularmente a los numerosos grupos desfavorecidos: campesinos marginales,
población sin tierra, pastores de ganado y comunidades indígenas.
Uno de los ‘grupos’ más importantes y más
ignorados son las mujeres. Tanto las mujeres pertenecientes a los grupos
marginados arriba mencionados como las mujeres que tienen una mejor posición
socioeconómica y política, tienden a ser excluidas de la toma de decisiones
sobre el manejo del agua. Así, aunque los intereses de las mujeres como grupo
son heterogéneos, su papel como usuarias y responsables del manejo del agua
generalmente no es tenido en cuenta. Debido a los diferentes roles de género,
mujeres y hombres se ven afectados de diferente manera por las mismas
políticas. Por lo tanto, como los hombres normalmente lideran la toma de
decisiones y el manejo, este documento subraya la necesidad de involucrar a las
mujeres de manera explícita (M. Zwarteveen).
“...los cambiantes sistemas de propiedad y
posesión de tierras han tenido un efecto negativo en la manera en que son
explotados los recursos naturales... presiones externas en busca de un cambio
han debilitado las reglas tradicionales sobre la distribución y el uso de la
tierra... mientras los sistemas tradicionales de cultivo predominan en muchos
de los países, grandes porciones de tierra (generalmente las más productivas e
irrigables) son asignadas a cultivos comerciales que usan tecnología moderna e intensiva en capital. Esto por lo general
está acompañado por el desplazamiento de los pequeños propietarios o
campesinos, sea por venta o por desalojo, no dándoles otra opción que asentarse
en tierras marginales.”. (La Comisión del Sur, 1990)
Analizando la historia reciente
de la planificación de cuencas , tenemos que concluir que la toma de decisiones
ha sido predominantemente determinada por:
Þ
La
noción de que el ‘desarrollo’ es alcanzado sólo a través del crecimiento
económico; y que los recursos naturales y ecosistemas son considerados como
bienes explotables.
Þ
El
principio de ‘dominio eminente’: el Estado tiene un legítimo derecho de obviar
las objeciones locales y expropiar las propiedades privadas o de propiedad
común a favor del ‘interés nacional’. (Colchester, 15)
Þ
Insuficientes
oportunidades para una participación significativa por parte de los actores
locales, en particular las mujeres y otros grupos desfavorecidos.
Los siguientes párrafos explican por qué
estos tres aspectos son de hecho las causas subyacentes de la degradación de
las cuencas y del deterioro de las
condiciones de vida de la población local.
Es un fenómeno casi universal que la carrera
hacia el ‘desarrollo’ esté sujeto a una definición unilateral y marcadamente
occidental de la pobreza, la cual toma el comportamiento monetario y económico
de un país o ‘grupo meta’ como su principal punto de referencia. Los ingresos
son considerados como la base universal para la libertad de elección de la
población. (Política Holandés de Desarrollo, 1996).
Sin embargo es necesario reconocer que las
poblaciones locales que tienen acceso suficiente a los recursos naturales para
suplir sus necesidades básicas, generalmente no se consideran a sí mismos como
pobres. Por lo tanto, un manejo integrado del agua debería enfocarse en las
‘condiciones de vida sostenibles’ y en el mejoramiento de la calidad de vida,
en lugar de hacerlo en la reducción de la pobreza en términos estrictamente
monetarios[5].
No obstante, los planteamientos dirigidos al
manejo del agua parecen ceñirse a las estrechas interpretaciones del
desarrollo. El evangelio globalizado del crecimiento económico ha sido
recientemente resumido en el Informe del Banco Mundial ‘Evaluando la Ayuda’ (‘Assessing Aid’), conocido también como el ‘Informe Dólar’. Este
informe, al cual se ciñen muchas agencias oficiales internacionales de
desarrollo (tales como la holandesa NEDA) para orientar sus políticas de ayuda
externa para el desarrollo (ODA), reitera la necesidad de enfocarse en el
incremento de los ingresos per cápita como el principal indicador de
‘desarrollo’.
A pesar de los logros de la Cumbre de las
Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CNUMAD), este planteamiento
global no presta atención a la necesidad de proteger y apoyar las estrategias
locales de supervivencia, las cuales están a menudo sólo parcialmente (o de
ninguna manera) basadas en las fuentes de subsistencia monetarias relacionadas
con el mercado. En este contexto, consideraciones culturales y ambientales
importantes siguen siendo ignoradas. Se desconoce el hecho de que gran parte de
la comunidad rural en los países en desarrollo no está en condiciones de
satisfacer sus necesidades básicas a través del mercado. Esta parte de la
población depende en gran medida de los recursos de propiedad común: tierras de
pastoreo, tanques de irrigación, espacios recreativos y culturales, etc. El
acceso y control de los recursos naturales sigue ofreciendo la mejor garantía
para el bienestar y la supervivencia de las familias sin tierra, los pastores
de ganado, las comunidades indígenas y los campesinos marginados. La aplicación
del concepto dominante de ‘desarrollo’ considerando los factores ecológicos,
sociales y culturales como meras externalidades, es en sí una de las mayores
causas de pobreza.
Por otra parte, la población rural es en
muchos aspectos la encargada del abastecimiento de alimentos y la que custodia
los recursos hídricos y la biodiversidad, de la cual depende la creciente
población urbana. “El problema ...que cuando la riqueza está definido en
términos puramente económicos/cuantitativos, gran parte del trabajo social,
procesos ecológicos y aspectos culturales mundiales se devalúan...[y]
permanecen fuera de las consideraciones económicas. Así es que, sin las labores
no remuneradas realizadas en las tierras comunales, en los hogares y en la
comunidad, y sin explotar los procesos ecológicos, no sería posible la
producción de un valor excedente para las industrias capitalistas”
(Goldman, 1998: 16). Las tareas cotidianas emprendidas por cientos de millones
de mujeres, especialmente las que tienen que ver con el hogar y la comunidad,
son probablemente la mayor contribución no cuantificada de esta economía
informal.
El crecimiento económico y la orientación de
las políticas centradas en lo urbano han dirigido cada vez más el manejo de las
cuencas hacia las industrias intensivas
en infraestructura y orientadas hacia la exportación. Hay además un acelerado
impulso hacia la privatización y la promoción de nuevas tecnologías. Alrededor
del mundo entero, grupos desfavorecidos experimentan la ‘disminución’ y
degradación de sus tierras comunales debido a la privatización y otras
intervenciones en las cuencas . “El agua
amenaza con volverse una mera mercancía, en lugar de un recurso natural”
(D. Narasimha Reddy). La población local está siendo privada de sus recursos.
La privatización, las nuevas oportunidades de
mercado y las técnicas modernas (por ejemplo motobombas, biotecnología) han
ciertamente contribuido al mejoramiento de la seguridad alimentaria, del bienestar,
de las condiciones de salud, y de la influencia política de determinados grupos
de personas. Sin embargo, al mismo tiempo éstas son también una de las
principales causas del colapso de numerosos sistemas locales de manejo de los
recursos naturales, los cuales fueron social y ecológicamente bien
estructurados. Por lo tanto, un creciente número de personas está en riesgo de
ver desmejoradas sus condiciones de vida, sin ninguna garantía de que podrán
disfrutar de las oportunidades y facilidades ofrecidas por la sociedad moderna.
Cuando se discute la orientación del
desarrollo, el argumento básico gira a menudo alrededor de la ‘subsistencia
versus el excedente’. Una posición fuerte expresa que los grupos desfavorecidos
dependen totalmente de los frágiles recursos naturales para su supervivencia, y
por lo tanto “la intención no debería ser
la de sustraer estos recursos y abastecer con ellos los mercados dominantes. La
intención debería ser la de promover lo que puede ser producido y consumido a
nivel local.” (Hivos, 3)
Por el otro lado, están quienes ven los
cambios macroeconómicos que están ocurriendo como una oportunidad para el
progreso económico en las áreas rurales. Se argumenta que las economías rurales
pueden acceder a un mercado más amplio si son ‘globalizadas’. Realmente ésta
podría ser una opción significativa en términos de supervivencia a largo plazo,
siempre y cuando simultáneamente se hagan esfuerzos locales por fortalecer la
economía rural[6]. Esto
implica que los gobiernos y las agencias donantes sigan políticas duales, que
cubran las necesidades de ambos grupos, por un lado los que producen para el
mercado y por otro lado las personas (en muchos países la mayoría) que no están
(substancialmente) vinculadas a él, reconociendo así la diversidad social y
económica de las sociedades.
Respecto al manejo del agua, esta concepción
generalizada de desarrollo ha llevado a pensar que no se tiene acceso al agua
por derecho, sino por lo que usted está dispuesto a pagar, o por el grado de
beneficio económico derivado del ‘valor agregado’ de un uso particular del
agua. Sin duda, esta tendencia ha tenido importantes implicaciones para los
grupos desfavorecidos, para quienes las actuales prioridades de uso del agua
están a menudo determinadas por la satisfacción directa de las necesidades
básicas[7].
Mientras tanto, los economistas de mercado y los políticos se han enfocado
escasamente a proveer incentivos o compensaciones a los grupos marginales que
protegen los ecosistemas productores de agua para usos urbanos e industriales,
y proveen de hecho lo necesario para los ‘servicios ambientales’ esenciales y
altamente importantes económicamente (Censat “Agua Viva”).
La fijación de los precios del agua parece
seguir la tendencia de externalizar los costos sociales e internalizar los
ambientales. Las preocupaciones acerca del daño ambiental parecen haber ganado
terreno, mientras que los aspectos sociales del manejo de recursos han sido
olvidados. Mientras hay un creciente reconocimiento del hecho de que la
degradación de la naturaleza debe ser detenida, las políticas ambientales
parecen afectar desproporcionadamente a los pobres, priorizando la eficiencia y
sostenibilidad sobre la equidad social (N. Reddy).
Desde una perspectiva feminista, la tendencia
hacia el establecimiento de los mercados como el principal mecanismo del manejo
del agua es una seria causa de preocupación (basado en M. Zwarteveen):
-
Mientras
se acepta que el acceso al agua depende cada vez más de la disponibilidad de
dinero, los mecanismos existentes de distribución del ingreso son
implícitamente aceptados. Sin embargo, debido a la desigualdad de estos
mecanismos de distribución de ingresos, los recursos financieros están a menudo
diferenciados por género, por lo general en detrimento de las mujeres. Aceptar
la ‘capacidad de pago’ como la regla primaria para la distribución del agua
puede llevar a muy serias discriminaciones contra las mujeres. Así, mientras
ellas puedan estar dispuestas a pagar por mejorar los servicios y el manejo del
agua, se puedan ver personalmente limitadas para destinar recursos de acuerdo a
sus prioridades.
-
Atribuir
únicamente valor económico a los recursos no refleja adecuadamente los
beneficios de sus usos en términos de condiciones de vida, así negando la importancia de los beneficios
no-comerciales, derivados a menudo de los usos del agua por parte de las
mujeres.
-
Como
las mujeres a menudo juegan el papel de administradoras de riesgo y tienen que
protegerse de las eventuales contingencias inesperadas que podrían amenazar la
vida, pueden perfectamente terminar pagando más: en tiempos de necesidad, su
disposición a pagar se incrementará exponencialmente.
De esta manera, un requisito para
el manejo sostenible de las cuencas es
el aceptar que, en primer lugar, los mercados no ofrecen soluciones
universales; y en segundo lugar, que son a menudo sub-elementos de las relaciones
entre la ecología y la humanidad.
Serios enfrentamientos acerca de los grandes
proyectos de infraestructura fluvial han agudizado la controversia respecto al
conflicto entre las necesidades locales y las necesidades nacionales, y los
requerimientos internacionales. Al parecer las necesidades nacionales también
llamadas ‘el interés nacional’ han sustituido las necesidades locales durante
las últimas décadas.
Esto es muy notorio en las cuencas . Su
manejo ha sido dirigido más a favor del apoyo al desarrollo nacional que a
garantizar la equidad individual. Las cuencas
alrededor del mundo están sujetas a serias manipulaciones – por ejemplo
la canalización, el represamiento, la contaminación,
el ‘empolderamiento’ (‘poldering’),
la extracción de aguas subterráneas - para servir al ‘interés nacional’. En
particular, este interés suele hacer referencia a la disponibilidad del agua
para las áreas urbanas e industriales y para la generación de energía
hidro-eléctrica a gran escala.
“...si se aceptan
los actuales modelos de desarrollo económico y las instituciones y premisas
sobre las cuales éstos se basan, la lógica del ‘manejo ambiental mundial’ es
impecable.” (Hildyard et al. 1997: 5). Sostener este proceso a través
del control de daños y perjuicios requiere el equivalente de una vigilancia e
intervención de arriba hacia abajo. El entorno físico se convierte en un
terreno para ser reordenado, zonificado y parcelado, mientras que la gente es
desplazada o inducida a ‘colaborar’ de acuerdo a algún Plan Maestro
preconcebido. Esto se observa en la inversión creciente en la formulación de
sistemas de manejo hídrico guiados por Sistemas de Información Geográfica (SIG)
y otras sofisticadas tecnologías de manejo de información, sin considerar si estas
herramientas pueden ser comprendidas y usadas por las mujeres o las comunidades indígenas y locales (Censat
“Agua Viva”)[8].
La realización de tales alteraciones está
legitimada con base en el ‘dominio eminente’ del Estado, usualmente con muy
altos costos sociales, económicos y ecológicos. El supuesto es que el
crecimiento y el desarrollo en general, sin importar quién lo determina y cómo
tiene lugar, o sin importar qué escala o tecnología utiliza, conducirá poco a
poco a la riqueza y a la generación de ingresos, lo que permitiría satisfacer
las necesidades de los sectores más pobres de la población. Desafortunadamente,
como lo indican estudios subsecuentes (por ej. los Informes de Desarrollo
Humano de las Naciones Unidas ), este enfoque paulatino está fallando y la
brecha entre los que ‘tienen’ y los que ‘no tienen’ se ha acentuado a lo largo
del tiempo.
Al respecto, es crucial hacer la
diferencia entre los intereses del gobierno nacional y los intereses de las
compañías nacionales/internacionales. Para entender el funcionamiento del
dominio eminente es necesario también concentrarse en el papel del políticamente
poderoso sector privado frente al Estado.
De esta manera, el principio de
dominio eminente permite a los gobiernos nacionales relegar a un segundo plano
los gobiernos locales y las estructuras representativas de la comunidad.
Mientras tanto, en la mayoría de los países, los sistemas representativos están
mejor desarrollados y son más eficientes en los niveles locales que en el nivel
central de toma de decisiones. Por lo tanto, el principio de dominio eminente
permite que las prioridades de una élite nacional y a menudo urbano descarte
las prioridades de las mayorías locales (S. Claassen).
Desde el punto de vista de los grupos
desfavorecidos, la práctica del manejo de cuencas plantea preguntas fundamentales acerca de la propiedad del agua y
cómo pueden ser obtenidos, conservados y usados los derechos sobre ella.
Introduciendo los sistemas de manejo de cuencas, los estados asumen el derecho
al control de las fuentes de agua y a sus usos. En general, la nueva
legislación está únicamente
comprometida a promover el acceso a los derechos al agua, de tal manera
que los derechos puedan ser otorgados (o suprimidos) de acuerdo al registro
de los usuarios o de sus usos. Los
derechos al agua son cada vez más disociados de los derechos a la tierra a
pesar de su estrecha relación. Aunque justificable, la disociación de los
derechos al agua de los derechos a la tierra es vista por muchos, sin embargo, como una efectiva manera de empoderar a
las personas sin tierras o con poca tierra (M. Zwarteveen).
1.2.3. Participación
“Las familias no
son simplemente productores de arroz. ¿Por qué nuestras necesidades nunca son
consideradas?”
(Señora Memona, del pueblo de Ekotani, Bangladesh, en ‘Rivers of Silence’, p
51).
‘Participación’ significa cosas muy distintas para diferentes
personas y grupos de interés, bajo distintas circunstancias. De cualquier modo,
hay cinco niveles de participación[9]:
I. Participación como
‘beneficiarios pasivos’;
II. Participación por medio de la
realización de tareas y funciones definidas por otros;
III.Participación
a través de consulta activa;
IV.Participación
activa en la planeación, implementación, monitoreo y evaluación;
V.
Toma
de decisiones autónoma.
De esta
manera, la participación puede hacer referencia a una amplia variedad de
actitudes por parte de los que toman las decisiones, los que desarrollan las
políticas y los que manejan los recursos. Debe destacarse, que las formas de
participación generalmente implementadas se refieren en su mayoría a los
primeros dos niveles. La participación a través de la consulta activa todavía
se está desarrollando, mientras que la participación a los niveles IV. y V. es
aún extremadamente escasa -si no inexistente- en los actuales procesos de
manejo de recursos (S. Claassen).
Un manejo realmente participativo requiere
una comprensión cada vez mayor y un respeto hacia la población y el uso que
hace de los recursos hídricos. Y aunque se habla cada vez más de la
‘participación’ y los ‘aspectos de género’, las medidas tendientes a establecer
mayores niveles de participación de los actores locales y de las mujeres en la
toma de decisiones a menudo fracasan, impidiendo a estos grupos una expresión
decisiva.
Por esta razón es esencial que se
identifiquen y reconozcan los obstáculos claves para la participación. Los
siguientes puntos presentan los factores obvios y más insidiosos que limitan la
participación efectiva por parte de los grupos marginados y de las mujeres:
· La oposición por los ‘poderes de
facto’
· Un erróneo sentido de consenso
· La falta de un enfoque hacia los
(eco-)sistemas (sectorial en lugar de holístico)
· La planificación de arriba hacia
abajo
· La estandarización de las
instituciones
· Los planificadores tienen sus
‘ángulos muertos’
·
Falta
de intercambio y acceso a la información
La conclusión general es que no hay una
valoración por las capacidades, estrategias y culturas locales.
Oposición por los ‘poderes de
facto’
Es importante dar una mirada crítica a las
antiguas y actuales prácticas involucradas en la toma de decisiones y la
implementación de grandes obras de infraestructura basadas en los ríos. Una
gran cantidad de literatura y registros detallados (por ej. el ‘Informe Morse’[10])
demuestran que la asignación de enormes fondos públicos en el manejo de las
cuencas , ha servido para mantener una burocracia y para enriquecer los
contratistas de la construcción, los proveedores de cemento y maquinaria, y
otros intereses establecidos- generalmente bajo el silencio aprobador de los
donantes extranjeros. Es por esta razón que el antiguo primer ministro de la
India Rajiv Gandhi se lamentaba en 1986 de que “...desde 1951, han sido iniciados 246 proyectos de riego en grandes
áreas. Solo 65 de éstos se han culminado; 181 están todavía en construcción...
Tal vez, podemos decir con seguridad que por 16 años hemos despilfarrado el
dinero. La población no ha recibido ningún beneficio, ni riego, ni agua, ni
incremento en la producción, ni ayuda en su vida cotidiana.” (En Paranjpye:
Large dams on the Narmada River, 1989.)[11]
Además, nuevos proyectos urbanos, agrícolas e
industriales de abastecimiento de agua están a menudo enfocados en proyectos de
infraestructura intensivos en capital y no analizan el potencial de los modelos
alternativos de manejo de la demanda dirigidos a reducir el consumo en la
fuente y a prevenir las pérdidas en las ineficientes redes de distribución
(Censat “Agua Viva”).
Si sólo este escaso capital fuera usado para
proyectos más cuidadosamente planeados y eficientemente manejados de
conservación y rehabilitación de tierras y recursos hídricos, podría dirigirse
a muchas de las necesidades y requerimientos más inmediatos de la población
urbana y rural. Sin embargo, es ingenuo
y peligroso sugerir que bajo las actuales circunstancias es posible un manejo
de cuencas social y económicamente
justo, sin tomarlo como una manera de desautorizar a quienes suprimen cada una
de las formas de participación en la toma de decisiones que pueden afectar sus
intereses.
Erróneo sentido de consenso
Muchos proyectos hídricos participativos se
basan en el dudoso supuesto de que simplemente identificando los diferentes
actores y sentándolos alrededor de una mesa se va a llegar a un consenso justo
y satisfactorio para todos. Como supuesto, sólo es válido si se considera que
todos los actores involucrados tienen los mismos poderes de negociación -lo
cual no se da- o si las desigualdades entre los actores son vistas como un
asunto meramente técnico, que no es el caso.
De hecho, este tipo de ‘participación de
pantalla’ puede explicarse por la falta de intenciones reales por parte de los
políticos, de involucrar efectivamente en el proceso a los interesados locales.
La falta de una terminología clara facilita que persista este bajo nivel de
participación, y ayuda a mantener la imagen de un ‘proceso participativo de
toma de decisiones’(S. Claassen).
Los intentos de ‘desarrollo participativo’ en
el contexto de las cuencas son a menudo
una reacción a la creciente resistencia de los sectores populares contra las
intervenciones que tienen un fuerte impacto sobre su medio ambiente natural y
sus condiciones de vida. En este contexto, la ‘participación’ ha tenido a
menudo una connotación negativa ya que parece ser usada para mitigar la
resistencia o para obtener el consentimiento (Hildyard cs).
Pocas de las instituciones que están
actualmente promoviendo la ‘participación’ en el manejo del agua tienen fama de
tomar en serio esa participación. El Banco Mundial, por ejemplo, estimó en 1994
que unas 300 grandes represas eran construidas cada año alrededor del mundo,
desplazando cerca de 4 millones de personas en contra de su voluntad. Así
mismo, el Banco Mundial sigue respaldando y patrocinando tales proyectos - a
menudo violando sus propias directrices.
Planificación de arriba hacia
abajo
Frente a los serios problemas de agua –
sequías, escasez, inundaciones, degradación ambiental, sedimentación etc. - la
respuesta preferida de muchos planificadores, políticos, servidores públicos,
técnicos y empresarios se halla en las crecientes formas globales de manejo.
Este enfoque es instrumental e inevitablemente de arriba hacia abajo. No deja
espacio para una verdadera participación (Hildyard).
Imponiendo estructuras
institucionales
La formación de organizaciones ha sido una
fértil área de interferencia política para construir Nación y para promocionar
la ‘eficiencia’ y la ‘democracia directa’. Se puede observar la introducción
desde arriba de estructuras organizativas y reglas estandarizadas en el campo
del manejo de riego y otras áreas del uso del agua y de la tierra.
Estas estructuras, a menudo estandarizadas y
teóricas, no se construyen sobre estructuras existentes, ni mejoran su
consolidación y adaptación a nuevas circunstancias. Por el contrario, nuevas
instituciones son sobreimpuestas y reemplazan los sistemas existentes de toma
de decisiones. Mientras estas últimas son a menudo el resultado de un largo
proceso evolutivo y responden en gran parte a las necesidades y capacidades de
los actores locales, las primeras carecen de suficiente legitimidad para
funcionar como una institución representativa.
La
burocratización de las actividades del agua a menudo transfieren mucho de la
toma de decisiones fuera de la localidad, suprimiendo de esta manera la memoria
institucional de un lugar (Tjerkstra en Vincent, 4). En consecuencia, estas
nuevas instituciones rápidamente amenazan los sistemas locales de manejo de los
recursos naturales y debilitan la representación de los grupos desfavorecidos.
Como las estructuras existentes de manejo y
de usuarios no son tenidas en cuenta, las mujeres tienden a experimentar un
deterioro en su poder de tomar decisiones. Por una parte, los planificadores
sesgados (ver mas adelante ‘Los planificadores no están bien informados) no
tienen en cuenta a las mujeres para funciones importantes en las nuevas
estructuras institucionales. Por otra parte, como los dirigentes y usuarios
locales son mantenidos al margen del manejo del agua, las mujeres tienden a
experimentar un cambio: pasan de ser usuarias directas con derechos al uso a
ser miembros de un hogar sin derechos directos, pero todavía con muchas
responsabilidades (acerca del agua).
Los planificadores tienen sus
‘angulos muertos’
Las metodologías para la planificación de las
cuencas tienden a ser altamente
reduccionistas en su manera de tratar las demandas agrícolas, industriales y
ecológicas (Rondinelli,1981). Las necesidades están a menudo determinadas sin
considerar las actuales necesidades y patrones de uso del agua, que han
evolucionado con base en reglas empíricas de cómo debe ser suministrada el
agua.
Mientras las agencias públicas y los profesionales son expertos en
hacer intervenciones hidráulicas sofisticadas, usualmente carecen del
conocimiento local que les permitiría obtener una completa comprensión de las
realidades en el terreno. “La experiencia
rural directa está limitada a visitas breves y apresuradas... Estas presentan
seis prejuicios respecto al contacto con y el aprendizaje a partir de la gente
más pobre. Estos reparos corresponden a los siguientes aspectos:
urbano-espacial -zonas aledañas a las vías asfaltadas y corredores viales;
proyecto -hacia zonas donde existen proyectos; la persona -hacia las personas
privilegiados, hombres antes que mujeres; las estaciones climáticas; la diplomacia
y a nivel profesional, limitados a los criterios de la especialidad del
observador externo. Como resultado de lo anterior la población rural más pobre
es marginada del proceso y la naturaleza de su pobreza poco entendida. ” (Chambers 1993)
Esto está ilustrado por el hecho de que las
nuevas estructuras institucionales, a menudo introducidas por el Estado,
tienden a asumir que el hombre tiene el control sobre la propiedad y sobre las
decisiones acerca de los cultivos, etc. En la toma de decisiones acerca del
suministro de agua doméstica, los hombres son por lo general los principales
actores en el desarrollo de los acuerdos sobre los proyectos de suministro de
agua y fuentes de información acerca de los problemas de salud en un área
determinada. Sin embargo, en muchas culturas el hombre a menudo sabe
relativamente poco acerca de la eficiencia del abastecimiento de agua, mientras
que las mujeres conforman el mayor grupo de usuarios. El
suministro de información hidrológica y de la demanda de agua por parte de las
mujeres, las principales usuarias a nivel de los hogares, es por lo general un
campo olvidado.
La inclinación de los planificadores a
considerar solo a las personas y grupos de interés más cercanos a su concepción
de la situación y a seguir las planeaciones y
metodologías de investigación convencionales, frustra en gran medida los
efectivos procesos de participación. La participación solo será posible si los
cronogramas, foros de discusión etc. son
adaptados a la realidad cotidiana y a las restricciones de cada grupo de
actores.
La falta de enfoques hacia procesos
alternativos es una de las principales causas para el grado tan bajo de
participación de la mujer. Como las mujeres tradicionalmente desarrollan otros
papeles que los hombres, tienen otros horarios de trabajo cotidiano y tienden a
congregarse en otras localidades geográficas. Con el fin de facilitar realmente
su participación, el proceso de toma de decisiones debe ser diseñado de tal
manera que se ajuste a las practicas diarias de las mujeres (S. Claassen).
Falta de intercambio y acceso a
la información
Las estructuras oficiales de manejo del agua,
creadas para apoyar los flujos de información a nivel nacional y regional,
están usualmente establecidas entre burocracias sectoriales. Rara vez tienen la
iniciativa de compartir información con los representantes ‘populares’ como un
objetivo principal, aunque muchos miembros de las agencias locales quisieran
tener más tiempo para trabajar con el público.
Aún si la información está disponible, no
todos los grupos involucrados tienen acceso a ella. Por ejemplo, la información
es presentada en un idioma desconocido para los grupos quienes no pertenecen a
la élite política e intelectual. (Censat “Agua Viva”)
Los datos de las agencias públicas son por lo
general mucho más accesibles a los partidos poderosos que consultan a los
funcionarios directamente en esas oficinas. Esto también tiende a disminuir
efectivamente el campo de acción de los representantes técnicos locales y los
intermediarios oficiales quienes son el principal contacto de la población más
pobre y menos móvil, conformada en gran parte por mujeres.
1.3 Conclusión: Falta de valoración de las capacidades, estrategias y
culturas locales
Las
organizaciones para la administración de las actividades y los derechos al
agua, generalmente estandarizadas, han sido creadas para cumplir propósitos
específicos, como asegurar la generación de fondos para mejorar el desempeño en
la eficiencia de la producción o uso del agua. Sin embargo, pueden haber existido
acuerdos institucionales anteriores para garantizar la adecuada distribución o
las oportunidades para la producción, el mantenimiento etc. De hecho, existe
una gran riqueza de sistemas de manejo hídrico sostenibles que nunca han sido
reconocidos (Véase Agarwal).
Sin embargo, son muchas las ONGs y comunidades locales que
experimentan que no hay suficiente reconocimiento de las capacidades de la
población local para el manejo del agua. En consecuencia, una serie de técnicas
especializadas en la recolección de agua es ignorada simplemente porque no se
ajustan a las descripciones técnicas
usadas generalmente por las agencias. O porque no se espera que
rápidamente generen el incremento aspirado en la producción de los cultivos, o
que cumplan con las metas oficiales.
El trabajo de la comunidad local para mantener, rehabilitar y
desarrollar el manejo hídrico y los sistemas de tierras de manera sostenible a
menudo tiene lugar en medio de un gran aislamiento y anonimato. Por el
contrario, la población local es por lo general acusada de ser el principal
agente destructor de los recursos naturales. El argumento de su incapacidad
para cuidar las vertientes es entonces usado para tomar el control sobre estos
recursos sin su consentimiento.
Esto no quiere decir que los regímenes comunitarios carezcan de
debilidades. No puede desconocerse que a menudo hay un conflicto potencial
entre el control local sobre los recursos agua y tierra y la explotación no
sostenible. Los regímenes comunitarios no son idílicos ni románticos, ni por
eso libres de las desigualdades internas, de injusticias sociales y de
prácticas destructivas del medio ambiente. Así mismo, debe destacarse que los
actuales modelos de uso del agua pueden estar sesgados según el género y ser
socialmente injustos.
Sin embargo, hay que subrayar, que a pesar de todas sus desigualdades
los regímenes comunitarios muestran ‘una
equidad inusual’ (Netting, 1997). Los regímenes de propiedad común son
manejados de manera sostenible “siempre
que los miembros del grupo conserven el poder de definir el grupo y de manejar
sus propios recursos” (George en Goldman 1998: xii).
“…el manejo efectivo de los recursos hídricos requiere un enfoque
holístico que vincule el desarrollo social y económico con la protección de los
ecosistemas naturales....Segundo, el desarrollo y el manejo hídrico debe basarse en un enfoque participativo que
involucre, en todos los niveles, a los usuarios, los planificadores y a los
políticos. Tercero, [tanto] las mujeres [como los hombres] juegan un papel vital en el suministro, el
manejo y la salvaguardia del agua…. Un manejo integrado de los recursos
hídricos se basa en la percepción del agua como parte integral del ecosistema,
un recurso natural y un bien económico y social.”. (Banco Mundial, p. 24, 1993)
Cada año, cerca de cuatro millones de
personas son desplazadas debido a proyectos
de infraestructura hídrica a gran escala, muchos de los cuales son
patrocinados por el Banco Mundial. El problema del desplazamiento masivo
forzado es una atroz característica
del mal diseño y de la no
participación en la planificación de las cuencas . A estas personas desplazadas
les quedan pocas opciones de supervivencia. La mayoría de ellos pertenecen a
los sectores desfavorecidos, y son
obligados a abandonar condiciones de vida sostenibles para hacer frente a los
avatares de vivir como trabajadores sin tierra, habitantes de tugurios, o
colonos en un medio ambiente desconocido.
Las mujeres son especialmente afectadas por
estos cambios. Ellas y sus familias, los niños en particular, enfrentan el
desalojo, la contaminación y la aguda escasez del agua. Sin el acceso a la
variedad de fuentes naturales de alimento y medicina que tenían los desplazados
en el pasado, hoy en día la migración forzada a menudo conduce a serios
problemas de desnutrición y mala salud, reduciendo así significativamente la
flexibilidad de las familias, en las cuales las mujeres son uno de los
principales actores.
Considerando la escala de la degradación
ecológica y la opresión humana, el manejo del agua ha llegado a una
encrucijada. Nosotros hacemos un fuerte llamado a la Visión Mundial del Agua y
el Marco para la Acción para que den prioridad a los siguientes principios y
medidas concretas:
Las
políticas sectoriales y
estructuras institucionales predominantes relacionadas con la energía, la
agricultura y el transporte tienen un tremendo impacto sobre las economías y
culturas que dependen de las cuencas .
Rechazar el actual manejo de las cuencas a gran escala, enfocado al crecimiento e implementado desde
arriba, implica que no basta con cuestionar el significado del manejo, sino
también y más fundamentalmente, los fines de éste. Esta es la razón por la cuál la
Visión Mundial del Agua y las acciones para lograr esta Visión deben tratar la
pregunta: “¿Cómo podemos fortalecer la población para que obtenga un adecuado y
equitativo suministro de agua y energía a largo plazo? ¿Cómo reducir el poder destructivo de las
inundaciones [y sequías], y proteger
las vertientes de la degradación?”. (McGully, 1996: p. 188)
El principal objetivo de los esfuerzos de
manejo y restauración de cuencas
debería ser permitir a los ríos y vertientes cumplir sus funciones
ecológicas vitales y beneficiar a la población que depende de ellos como fuente
de ingresos o para su refugio, alimento, leña, forraje, medicina, identidad
cultural y otras necesidades básicas.
·
Los
gobiernos, los donantes y las instituciones internacionales (por ejemplo el
Fondo Monetario Internacional (FMI), la Unión Europea, la Organización Mundial
del Comercio (OMC)) necesitan evaluar las actuales corrientes de liberalización
económica, debido a su impacto sobre las bases de subsistencia ecológica y
cultural de millones de grupos vulnerables y sobre la economía en general. Esto implicaría reformas fiscales, adaptación de
convenios de comercio, además de políticas de inversión formales, nuevos
conjuntos de medidas y regulaciones, así como la creación e implementación de
mecanismos de control y de un adecuado
monitoreo[12].
·
En
vista del impacto sin precedentes de las empresas comerciales sobre los
ecosistemas de las cuencas (como la
generación de energía, la minería, la tala de árboles, los vertederos
industriales), los gobiernos, las agencias públicas internacionales y las
asociaciones privadas de negocios deberían emitir pautas estrictas para
monitorear y controlar la conducta del sector privado. A las compañias que se
niegan a aceptar la primacía de las necesidades de las comunidades locales y
que no las respetan como sus socios igualitarios en las actividades de
desarrollo y conservación, no debería permitírseles operar en tales áreas. Es
necesaria más transparencia en los objetivos, justificaciones y métodos de uso
de la tierra y del agua para permitirle
al publico en general incrementar su participación en el control y protección de los recursos naturales.
·
Los
inversionistas, las compañias y los donantes multilaterales deberían enfrentar
un escrutinio más intensivo que antes por parte de los gobiernos, los
accionistas, las ONGs, los medios de comunicación y – cada vez más – de sus
propios funcionarios. La colaboración entre el Sur, el Norte y el Este y el
compartir información es esencial para garantizar que las actividades comerciales
en una parte del mundo determinen la reputación y las utilidades de una
compañía en países y regiones a cientos de millas de distancia[13].
·
Los
gobiernos e instituciones internacionales como la Cámara de Comercio
Internacional deberían tratar con prioridad el problema de "free riders", es decir, de las
compañías que siguen disfrutando de los beneficios del acceso al mercado (como
los sectores de madera y minerales) sin hacer suficientes esfuerzos para
adoptar los estándares internacionales[14].
“La participación es un proceso en el cual los actores influyen la
formulación de las políticas, el diseño de alternativas, las elecciones de
inversión y las decisiones de manejo que afectan sus comunidades y establecen
el necesario sentido de propiedad” (Banco Mundial, p 16, 1993).
Cientos de millones de personas, que son
incapaces de suplir sus necesidades básicas a partir del mercado, encuentran
cada vez más difícil depender de las prácticas tradicionales de subsistencia ya
que gran parte del entorno natural es destruido por los proyectos de desarrollo
patrocinados por el gobierno o el sector privado (por ejemplo la introducción a
gran escala de la explotación de aguas subterráneas para cultivos de
exportación, áreas industriales, grandes proyectos de canalización y
plantaciones de monocultivos). Su realidad es esencialmente diferente de cómo
la perciben aquellos funcionarios, banqueros
y consultores que actúan a distancia del
terreno, y a menudo toman decisiones de largo alcance sobre el futuro de
la población y los recursos hídricos. Por supuesto, estos expertos del recurso
agua nunca llegan a conocer las consecuencias de sus decisiones.
Para evitar tales inconsistencias, los
gobiernos deberían asegurarse que el poder y los medios para alcanzar la supervivencia
económica y el desarrollo, estén situados tan cerca de la comunidad como sea
posible. Es necesario lograr mayores niveles de autosuficiencia económica y
permitir más autodeterminación, sin suponer que las comunidades locales pueden
suplir todas sus necesidades (Daly et al. 1989). Como lo concluyen Hildyard et
al: “...sólo cuando todos los que tienen
que vivir de una decisión tengan una voz en la toma de esa decisión, se podrán
garantizar los controles y equilibrios
en el poder, que son tan importantes para el funcionamiento de los
proyectos comunitarios.” (Hildyard et al.1997).
Las comunidades locales a menudo experimentan
un círculo vicioso de aislamiento y falta de contactos, información, medios
financieros, reconocimiento y apoyo político. A menos que este circulo se
rompa, las prácticas locales de manejo de agua y uso de la tierra no tendrán
oportunidad de mostrar su potencial como una alternativa más sostenible para
los sistemas dominantes de explotación de los recursos naturales.
Con el fin de romper este
círculo vicioso y de permitir la descentralización en la toma de decisiones, la
participación no debe seguir limitada a los bajos niveles de participación
anteriormente mencionados. Un mayor esfuerzo debe ser dirigido al
establecimiento de estructuras para la
toma de decisiones que permitan a las mujeres, a los pobres de las áreas
urbanas, las familias rurales sin tierra, las comunidades indígenas y otros
grupos desfavorecidos participar en la planificación y el manejo, y si es
posible, contribuir activamente para una toma de decisiones autónoma.
Las ONGs, consultores,
gobiernos, universidades y donantes tienen mucho que ofrecer en el campo de la
redistribución y regulación del acceso a los recursos naturales. Sus
actividades deben conducir a mejorar las posibilidades de los grupos marginales
para reclamar y proteger su acceso a tales recursos.
Todo
esto requiere una nueva sensibilidad hacia las necesidades y prioridades de la
población local y sus sistemas de manejo de los recursos, como se hace
explícito en las siguientes recomendaciones:
·
Quienes
desean colaborar con los actores locales deberían estar preparados a establecer
un compromiso a largo plazo para generar confianza y colaboración. Involucrar
desde el primer momento a todos los actores en el proceso de toma de
decisiones, requiere la destinación de tiempo y recursos financieros para
establecer la posición negociadora / concertadora de los actores locales.
· Los
gobiernos, los donantes y los científicos deben vincularse a las iniciativas
locales y dar prioridad a las necesidades y requerimientos políticos de los
grupos marginados y oprimidos. Esto puede llevarles a tomar medidas que entren
a debilitar el poder de los grupos dominantes; mejorando por ejemplo, la
posición de las mujeres y promoviendo una reforma agraria (Hildyard et al.
1997).
·
La
capacidad de las comunidades locales y los pueblos indígenas para influir
efectivamente en la toma de decisiones que afectará sus condiciones de vida es
clave para un resultado exitoso de cualquier iniciativa de manejo hídrico. De
esta manera, todos los actores deberían tener una oportunidad de estar
realmente involucrados en las evaluaciones conjuntas de impacto ambiental y
social..
·
Principios
como el de ‘consentimiento previo y a conciencia’ y el ‘principio de
precaución’ han sido establecidos como elementos básicos de los procedimientos
y estándares relacionados con las
intervenciones públicas o de la industria privada sobre los recursos hídricos y
de tierras de la comunidades locales. (Colchester, 1999)
·
Considerando
los efectos nocivos de muchos modelos de infraestructura hídrica a gran escala
sobre la población local y su entorno natural, es crucial desarrollar y
presentar alternativas durante las primeras etapas del proceso de la toma de
decisiones. En este sentido existe la urgente necesidad de incluir los méritos
potenciales del conocimiento existente como una parte intrínseca de todos los
procesos de toma de decisiones.
·
Toda
información relevante para un proceso particular de toma de decisiones debería
ser accesible -tanto en su forma como en su contenido- a todos los actores
involucrados. Por esta razón los instrumentos e instituciones que facilitan el
intercambio de información entre los niveles nacional y local, y entre los
actores dentro de las cuencas deberían recibir una atención prioritaria.
·
Los
esfuerzos deberían estar dirigidos a crear
sistemas de monitoreo que sean manejados por las comunidades locales.
Estos sistemas deberían permitir la incorporación de indicadores que reflejen
el conocimiento local - incluyendo las áreas de conocimiento específico de las
mujeres - con miras a incrementar el poder de los actores locales sobre los
procesos de toma de decisiones (Censat “Agua Viva”). Se requiere desarrollar
enfoques participativos desde una perspectiva de género, que respondan
adecuadamente a las necesidades y capacidades de las mujeres en la toma de
decisiones a nivel local y a niveles más altos.
·
Las
agencias internacionales de desarrollo deberían rechazar los enfoques desde
arriba, e incrementar el control y la responsabilidad de sus funcionarios. Al
establecerse un enfoque desde la base, permitiría la pronta incorporación del
conocimiento local en las alternativas de desarrollo y demandaría un proceso de
toma de decisiones verdaderamente participativo, basado en el diálogo. El hacer
a los funcionarios más directamente responsables fortalecería su compromiso y
exigiría un análisis mucho más crítico de los expertos involucrados en los
diferentes niveles. Una vez más, esto implica una distribución diferente del
tiempo (y del dinero) a lo largo de todo el proceso de la toma de decisiones,
con un mayor énfasis en el diseño y planificación en las primeras etapas.
· Se hace un
llamado a los donantes bilaterales y financiadores multilaterales para que
condicionen su financiación para los modelos hídricos a un manejo de cuencas
basado en la comunidad y al no desplazamiento de la población local, con el fin
de evitar que los fondos externos aceleren la espiral de pobreza y degradación
ambiental.
·
Existe
una urgente necesidad de desarrollar e implementar indicadores alternativos de
‘desarrollo’ para dirigir la toma de decisiones y las inversiones en las
cuencas . Es esencial que estos indicadores sean desarrollados en colaboración
con todos los grupos de interés implicados directamente en la toma de
decisiones y en la implementación de políticas.
·
Aún
cuando se asume la necesidad de proyectos de infraestructura hídrica a mayor
escala, existe una necesidad constante de asegurar que únicamente sean implementados
aquellos proyectos que satisfagan ampliamente los objetivos de equidad y
viabilidad económica, financiera, ecológica y social.
·
Hay
una gran oportunidad de aprender de las lecciones y ejemplos positivos, y de
abrir el espacio para experimentar con nuevas maneras de toma de decisiones.
Esta serie de recomendaciones implica que las
agencias de desarrollo y otros agentes externos deben hacer claras elecciones
acerca de con quienes trabajan. Como lo plantea Larry Lohmann: "Culpar un gobierno contraparte o sus
departamentos cuando, por ejemplo, un proyecto suprime la participación de la
población local en el manejo (del agua), no debería tener lugar en agencias que
están comprometidas con el fomento de una participación y un control local
real. Debería ser responsabilidad de los funcionarios de las agencias el
evaluar de antemano si es o no probable que un gobierno contraparte apoye la
participación local, y no involucrarlo si esta evaluación es negativa".
(Lohmann en: Hildyard et al. 1997:24) Las ONGs y
los donantes deberían determinar su propia participación en programas
conducidos por las agencias internacionales, por el sector privado o por
gobiernos, de acuerdo al grado en que tales iniciativas incorporen un
compromiso real de un cambio estructural, y a la manera cómo manejen los
requerimientos políticos de todos estos grupos.
La seguridad de los derechos locales a la
tierra y al agua, o los derechos de los usuarios, es la base para la
conservación del ecosistema y el bienestar de la población local. El
establecimiento legal de los derechos de uso y propiedad de las comunidades
locales e indígenas, así como de las familias sin tierra es un requisito para
la verdadera participación en los procesos de toma de decisiones. Estos
derechos deberían ser establecidos como un requisito para cualquier
intervención en los ecosistemas de las cuencas .
·
Es
necesario el reconocimiento de los títulos tradicionales sobre la tierra y el
agua así como una mayor colaboración entre gobiernos y la población local, por
medio de la cual esta última resulte la encargada del manejo de las tierras
publicas y los recursos hídricos, a condición de que se le dé un uso
sostenible. Al mismo tiempo, deben hacerse acuerdos legales para lograr una
verdadera reforma agraria, como alternativa a las prácticas políticamente más
convenientes que destinan las tierras de propiedad comunal menos propicias para
fines agrícolas. Existe una necesidad inmediata de incrementar la atención
prestada a los derechos de las familias sin tierra (E.Venkat Ramnayya).
·
Mientras
que el reconocimiento de los derechos a la tierra y al agua es esencial, en sí
no es suficiente. Los gobiernos y los donantes deberían prestar mucha más
atención al diseño y la implementación de programas y actividades integradas de
desarrollo, en las cuales una apropiada asistencia técnica, programas de
crédito y salud respondan a las necesidades y percepciones de las comunidades
locales y a las demandas de uso sostenible de la tierra y del agua.
·
Debe
admitirse también que los sistemas de derechos tradicionales o consuetudinarios
están a menudo fuertemente sesgados por género. Mientras el reconocimiento
político y la seguridad de los sistemas de derechos tradicionales es esencial,
el empoderamiento de las mujeres y la promoción de la equidad de género,
requiere reformas legales progresivas que permitan a las mujeres obtener más y
mejores derechos que los que usualmente tienen.(M. Zwarteveen)
En muchos países, la reforma institucional
suele considerar las cuencas como la
unidad apropiada para el análisis y el manejo coordinado (Banco Mundial 1993).
El hecho de que la mayoría de los gobiernos han fracasado en el reconocimiento
del manejo local del agua no significa necesariamente que se haya acabado ese
manejo por parte de las poblaciones locales o su posesión de los recursos
hídricos.
Las prácticas locales de manejo del agua a
menudo permanecen invisibles, saliendo sólo a la luz cuando hay un conflicto de
intereses dentro de las comunidades o entre las comunidades locales y el mundo
exterior. Diciéndolo más positivamente, existe también un creciente número de iniciativas y oportunidades para fomentar
la colaboración entre la población local, las autoridades del Estado y otros
grupos en apoyo al manejo local sostenible de (parte de) las cuencas .
Para mejorar aún más una colaboración exitosa
se deben cumplir las siguientes condiciones:
·
La
subsidiariedad: “El principio que nada
que pueda hacerse satisfactoriamente a un nivel más bajo de gobierno, debe
hacerse a un nivel más alto” (Banco Mundial 1993: 15). Este principio requiere métodos de planificación participativa,
toma de decisiones y ejecución que permitan que el manejo de micro-cuencas sea
oficialmente confiado a las instituciones locales que representan
verdaderamente a todos los sectores - incluyendo las mujeres. Además, esto implica que las estructuras de gobierno,
los mandatos y los recursos financieros sean destinados en beneficio a las
micro-cuencas.
·
Los esfuerzos por proteger o restablecer los
intereses de la población local y su medio ambiente, indudablemente comienzan
con una gran inversión de tiempo y compromiso para fomentar la unidad y un
objetivo común dentro de la comunidad y
para fortalecer o crear
instituciones locales que representen y respondan a las necesidades y
capacidades de la comunidad. Existe una necesidad urgente de permitir a estas
instituciones obtener un estatus legal, y generar compromisos políticos
dirigidos a su reconocimiento.
·
Es
crucial prestar más atención al grado de sensibilidad de género de las
instituciones existentes y las recientemente creadas, y a la adecuada
representación de las mujeres en éstas.
·
Es
vital apoyar a las ONGs[15]
que cumplen el papel de apoyar a las
comunidades locales a largo plazo – como catalizadores -, y que constituyen un
vínculo esencial entre estas comunidades y otras instituciones (donantes y del
gobierno).
·
El
agua debería ser considerada como un bien común. El gobierno, las agencias
donantes, y las ONGs necesitan apoyar la creación de instituciones abiertas,
responsables y representativas que consoliden o restablezcan la autoridad de
los regímenes comunales locales. Como tal, el papel de la población sin tierra
puede ser crucial; pues en ciertas regiones ellos conforman la gran mayoría de
los actuales usuarios de estos bienes comunes (E. Venkat Ramnayya).
·
En
aquellos lugares donde la población local ha dejado de considerar las
instituciones formales como estructuras organizativas viables y útiles, es
necesario promover cambios con el fin de volver las estructuras institucionales
verdaderamente efectivas y representativas de la realidad en la que operan.
·
En
la medida en que el cobro del agua es aceptable como una herramienta apropiada
para conservar y manejar los recursos hídricos, las comunidades locales
deberían recibir la responsabilidad de racionalizar el sistema tarifario del
agua de acuerdo con prioridades convenidas.
·
Facilitar
discusiones estratégicas entre las ONGs del hemisferio Sur y Norte, con el objetivo
de identificar metas y retos comunes y el papel de las ONG respecto a otros
grupos de actores importantes, y definir acciones comunes relacionadas con el
manejo hídrico en general (Censat “Agua Viva”).
·
Los
institutos de investigación y los sectores de educación formal e informal
deberían ser incluidos como actores activos en la tarea de desarrollar
capacidades. Su papel de transmisores de conocimiento y de facilitadores de un
intercambio de conocimiento entre los diferentes grupos de actores necesita ser
fortalecido (Censat “Agua Viva”).
·
Los
hogares son importantes en el manejo cotidiano del agua. Es a este nivel que
pueden resolverse eficazmente desigualdades de género. Por esta razón, los
políticos e investigadores deberían enfocarse más hacia cambios a este nivel
(M. Zwarteveen).
Una parte importante del potencial hídrico de
las cuencas puede encontrarse fuera de
los actuales ríos, en las vertientes, en las áreas de las cabeceras. El
desarrollo de los recursos de tierra y agua bajo ninguna circunstancia debería
traspasar los límites impuestos por la cantidad y frecuencia natural de las
precipitaciones, los procesos naturales de escorrentía del agua y del
transporte de sedimentos, la textura natural y los contornos de las superficies
de tierra, las prevalecientes estructuras de distribución de vegetación y fauna
multiestratificadas, los patrones de viento y temperatura y otras condiciones
geomorfológicas relevantes (Paranjpye, 1999).
·
El
énfasis a menudo exclusivo hacia la agricultura (de riego) necesita abrir paso
a un enfoque mucho más amplio de ‘manejo de los recursos naturales’, tales como
la pesca, productos no maderables del bosque, y sistemas más integrados de
agroforestería y forestería análoga[16].
Considerando la escasez de agua y las condiciones del suelo, estos últimos sistemas de uso de tierra son
a menudo una alternativa complementaria, mucho más segura y viable para suplir
las necesidades básicas[17].
·
Es
urgente crear el marco teórico apropiado para el manejo integrado de los
ecosistemas. Respecto a los ecosistemas de agua dulce, esto implica
concentrarse en las cuencas . Actualmente, un número de iniciativas desde la
base está desarrollándose alrededor del mundo. Estas alternativas deberían ser
tomadas muy seriamente y comparadas con los enfoques actualmente establecidos y
tan arraigados de la creación automática –generalmente de arriba hacia abajo -
de las Autoridades de las Cuencas
(Basado en E. Venkat Ramnayya).
·
Se
debe prestar mucha atención al desarrollo de políticas económicas y ambientales
que establezcan los ‘servicios ambientales’ como una actividad reconocida y
económicamente importante. Hay una urgente necesidad de establecer sistemas que
incluyan una compensación financiera por estos servicios. Así, las actividades
cotidianas de protección de la naturaleza se convertirán en una fuente regular
de ingresos y en una actividad económica reconocida (Censat “Agua Viva”).
La planeación para el futuro debe incluir una
evaluación de la disponibilidad del agua y el potencial óptimo sostenible del
uso en las áreas de cabecera. A este respecto, hay generalmente una comprobada
necesidad de tecnologías a pequeña escala, basadas en las capacidades de manejo
existentes y en los sistemas de manejo local aún existentes o re-establecidos.
Las tecnologías ‘apropiadas’ que se ajustan al contexto socioeconómico y
cultural constituyen las mejores opciones de llegar y beneficiar a los sectores
desfavorecidos de la sociedad. De ahí se propone que:
·
“Si las ‘tecnologías apropiadas’
deben cumplir su objetivo de abordar las necesidades humanas de un modo
equitativo, idealmente deben ser promovidas por las personas que se beneficien
de ellas y que las apliquen. Hay que recalcar el hecho de que la gente en cuyo
nombre está siendo instalada la tecnología, debe voluntariamente aceptarla y
participar en su implementación; donde esto no se dé, los supuestos
beneficiarios deben entender qué es la tecnología, cómo funciona y quiénes son
los que tienen probabilidad de ganar o de perder.” (McCully 1996: 189). Los proyectos de manejo del agua sólo tienen
probabilidad de ‘tener éxito’ si todos los sectores a nivel de la comunidad
-incluyendo las mujeres-, han sido capaces de determinar su diseño, operación e
implementación.
·
Los
enfoques y herramientas de manejo provenientes de las experiencias locales
deben ser identificadas y financieramente apoyadas si las necesidades básicas y
los requerimientos de la población más pobre han de ser satisfechos.
Actualmente, estas alternativas locales tienden a ser ignoradas por que son difíciles de situar y aún más
difíciles de comprender en términos de la moderna terminología de la
cooperación para el desarrollo. Además, por ser por lo general de pequeña escala,
no tienen cabida en el financiamiento institucional o la integración en
iniciativas de desarrollo a mayor escala (Task Force GOI River Basin, India
1998). La población local que vive en áreas inundables a menudo utiliza
sistemas de manejo que garantizan su seguridad mientras que se respeten las
principales características ecológicas de estas zonas inundables. Estos
sistemas deben ser reconocidos y apoyados.
·
Es
esencial apoyar el reconocimiento de la sabiduría local e indígena y dar inicio
a inventarios y análisis más
sistemáticos de los enfoques existentes del manejo del agua. Hay una urgente
necesidad de hacer un inventario de la riqueza de los métodos agrícolas
tradicionales e innovadores, desarrollados para reducir las consecuencias
hidrológicas negativas de, por ejemplo, la agricultura de ladera. Técnicas de
irrigación a pequeña escala han demostrado su eficacia en incrementar la
producción sin trastornar la hidrología local.
·
En
vez de utilizar el escaso capital local para emprender nuevos proyectos de
infraestructura hídrica a mediana o gran escala, debería darse prioridad a las
micro-estructuras de recolección, conservación y uso de la humedad del suelo en
las cabeceras de los ríos o quebradas. En consecuencia la elección de
tecnología debe seguir una planeación, que empieza en el punto de origen
localizado en las zona más alta de la cuenca hidrográfica, desciende a lo largo
de los afluentes tributarios menores y mayores, luego sigue a lo largo del
cauce principal hasta la parte más baja del estuario. La formulación y
ejecución del proyecto debe también comenzar en las cordilleras y terminar en
los valles.
·
Las
ONGs, a través de su compromiso por lo general a largo plazo con las
comunidades o pueblos indígenas, han adquirido un amplio conocimiento de
enfoques y técnicas social y ecológicamente sostenibles. El énfasis debe
hacerse sobre la recopilación de
información y sobre la creación de redes,
facilitando el intercambio de información, conocimientos y experiencias
entre las comunidades de diferentes cuencas .
Debe destacarse que la relación
entre las comunidades locales y las ONGs a menudo conlleva conflictos de
opinión, poder y funciones. De esta manera, se requiere más apoyo para las ONGs
que:
-
respetan
a las comunidades locales como a iguales;
-
han
desarrollado enfoques participativos específicos para cooperar con los grupos
de interés locales;
-
se
aseguran que todos los actores involucrados estén efectivamente representados
en la totalidad de los procesos de toma de decisiones;
-
están
dirigidas al empoderamiento de los actores locales, y
- idealmente, buscan alcanzar el
punto en que dejarán de ser necesarias para los actores locales. (S.Claassen)
“Lograr un río
sano requiere tener una vertiente sana..” (McCully: 1996: 189). Para detener la
degradación, es imperativo colaborar para la rehabilitación de los recursos
degradados.
Para combatir la marginación de una gran
parte de la población rural y la subsecuente migración a los suburbios urbanos,
la consolidación y rehabilitación de las prácticas del uso de la tierra y el
agua debe considerarse como una prioridad de primer grado. La rehabilitación de
las cuencas y los ecosistemas
relacionados, a menudo frágiles (por ej. los humedales, manglares, ecosistemas
costeros, bosques y pastizales) contribuirá de manera significativa a la
producción sostenible de alimentos y otras necesidades básicas. Para esto se
requiere que numerosas técnicas tradicionales de uso de la tierra y del agua,
notablemente en las áreas (semi) áridas, sean fortalecidas o adaptadas. Si la
comunidad internacional está verdaderamente interesada en tratar estos
problemas sociales y ambientales, una ‘agenda de restauración’ debería dirigir
las planeaciones e inversiones futuras. Tal agenda debería incluir entre otras
las siguientes acciones:
·
El
desafío es intercambiar y facilitar la retroalimentación mutua entre los
numerosos sistemas establecidos de almacenamiento de agua y/o sistemas de
irrigación en los diferentes rincones del mundo. Existen varios ejemplos
prometedores de nuevas o adaptadas técnicas que ayudan a reducir los problemas
de evaporación y contaminación que existen alrededor del mundo, por ej. el
sistema ‘muang faai’ en Tailandia, los ‘subaks’ en Bali o las ‘zanjeras’ en
Filipinas.
·
Una
exploración inmediata y sistemática del conocimiento local sobre las
cuencas y los enfoques locales de
manejo, es un requisito para apoyar esfuerzos locales viables de
rehabilitación. Aparte de documentar el conocimiento, debe prestarse especial
atención a un análisis del potencial de estos enfoques - a menudo micro-cuencas
- para ser aplicados a gran escala - por ej. en grandes vertientes o cuencas .
· Es crucial considerar más a
fondo las agendas de acción concreta para la rehabilitación (y re-orientación)
de los sistemas existentes de recolección
de agua y de manejo del uso de tierras, los cuales han sido propuestos
por organizaciones en diferentes lugares del mundo. Estas agendas sugieren
entre otras, qué acciones son tomadas como prioridad:
- La conservación, y la recarga
necesaria de la superficie, sub-superficie y los acuíferos subterráneos más
profundos, deben ser tratadas como prioridades interdependientes e inseparables
del proceso de recuperación de las cuencas.
- Los sistemas de pastoreo en los
entornos áridos han logrado hacer frente a las asperezas de las condiciones
ambientales y climáticas. Es crucial combatir las fuerzas que perjudican estos
intrincados sistemas de supervivencia, especialmente la expropiación de tierras
y agua, y los esfuerzos por ‘desarrollar’ la economía de pastoreo socavando
pozos, y cercando y privatizando las tierras comunales de pastoreo (McCully, 1996).
- La agricultura a régimen natural
de lluvias continuará proporcionando la mayor
parte del suministro de alimentos, en particular en los países en vías
de desarrollo. Hay una necesidad de más
apoyo para la consolidación o el mejoramiento de los sistemas de recolección de
agua existentes, tales como la agricultura de escorrentía (que dirige el agua
recolectada por las laderas hacia los campos cultivables de la parte baja).
-
La
agricultura en suelos de vega, la cual involucra el uso de la humedad, los
sedimentos y los nutrientes que quedan después de las inundaciones
estacionales. Otra área clave con gran potencial productivo y ecológico es la restauración de los tanques de irrigación.
- En muchas regiones (la India y
Sri Lanka, por ej.) los sistemas artificiales de almacenamiento de agua (por
ej. estanques, tanques) son el centro de la vida económica y cultural del
pueblo[18].
Estos sistemas constituyen una enorme posibilidad para restaurar el potencial
de agricultura sostenible y para una fuente clave de agua potable para los
humanos y el ganado. Se requiere sin embargo, que el gobierno deje de promover
la propiedad privada de los nacimientos de agua, lo cual conduce al control privado
sobre el agua, y es una de las mayores causas del deterioro de los llamados
sistemas comunales.
·
El
mantenimiento y restauración de las vertientes con bosques, humedales, y suelos
estables, para controlar las inundaciones y la erosión, y garantizar las
funciones cruciales reguladoras y productivas de la ecología requiere de
estrictos controles de la destructiva tala de bosques y de la supresión de los subsidios y concesiones del gobierno
para otras intervenciones destructivas (McCully, 1996).
·
Los
mecanismos de financiación flexible, de investigación y de otras formas de
estimulación deben ser dirigidas a las técnicas tradicionales y modernas de
restauración de la agricultura y las tierras tales como las terrazas, la
agroforestería, la ganadería, el desarrollo de productos no maderables del
bosque y la pesca por parte de las comunidades locales, las ONGs y otros
sectores. Por lo tanto, los donantes deberían prestar una atención prioritaria
al fortalecimiento de la posición de los grupos (políticamente) marginados.
·
La
aplicación del rango completo de técnicas requeriría de la capacitación y
educación a largo plazo de los funcionarios del gobierno comprometidos así como
de la población local y los trabajadores voluntarios. Las personas claves en el
suministro de información y los expertos competentes deberían ser identificados
primero dentro de la comunidad y luego externamente, así el proceso de
desarrollo podría ser implementado de manera eficiente y rápida. (Task Force)
Los asuntos de género deberían formar una
parte integral de todas las acciones mencionadas hasta ahora. Sin embargo, debe
prestarse una atención especial a los aspectos de género en el diseño de
procesos participativos de toma de decisiones, reconociendo el conocimiento
existente y asegurando la elección de tecnologías apropiadas, para las mujeres
así como para los hombres. Finalmente es la división del trabajo, del
conocimiento, de las responsabilidades y del control, entre hombres y mujeres
que determina el éxito global del
manejo del agua. A menudo, las mujeres son llamadas ‘administradoras
ambientales’, donde la administración o el manejo hace referencia a las medidas
para mantener o incrementar el recurso y sus rendimientos. Pero el manejo
también implica tener un control sobre los recursos, y las mujeres a menudo
carecen de él. Para tener éxito en la reducción de los problemas de escasez de
agua y del deterioro ambiental, es esencial que las mujeres logren un mayor
acceso y control sobre los recursos hídricos, forestales y de tierras (Homberg
1993).
De esta manera, los siguientes principios y
compromisos son requisitos esenciales para un manejo sostenible de cuencas :
·
La
promoción de acuerdos de género más equitativos aumentará las posibilidades de
supervivencia de todos los hogares y comunidades. Por eso, el funcionamiento de
estos acuerdos de género debe ser comprendido a nivel micro pero también a
niveles más altos tales como las vertientes y las cuencas . Una mejor
comprensión de los papeles de género proporcionará mejor información acerca de
los usos del agua, e incrementará la eficacia de las instituciones en el manejo
del agua.
Un requisito para una verdadera
participación de las mujeres en la toma de decisiones y el manejo del agua a
nivel local y nacional, es un análisis de género enfocado en el papel de las
mujeres en el manejo del agua a ambos niveles. Sólo teniendo un buen
conocimiento de las circunstancias específicas de los países y regiones, será posible diseñar procesos de
toma de decisiones y de manejo que realmente involucren a las mujeres (S.
Claassen).
·
Criterios
e indicadores con perspectiva de género deberían conducir la evaluación de
impactos (potenciales) así como la toma de decisiones relacionada con proyectos
existentes y/o nuevos de desarrollo hídrico. Indicadores que reflejan el grado
en el que son afectados el bienestar y la posición socioeconómica de las
mujeres, deberían convertirse en
indicadores claves para conducir el análisis costo-beneficio y la actual toma
de decisiones. Esta inquietud también debería traducirse en acuerdos para la
compensación y la asistencia. A pesar de la compensación, son inaceptables las
intervenciones en los recursos hídricos y de tierras con impactos
substancialmente negativos (directos e indirectos) sobre las mujeres y sus
posiciones. Se debería adoptar la posición de que el manejo de cuencas puede ser mejorado mediante la atención y
acciones respecto a asuntos de género en diferentes partes del sector hídrico, teniendo en cuenta que esta acción
puede variar entre regiones. Como regla general, tanto mujeres como hombres
deben ser involucrados como informantes claves de la disponibilidad de agua y
sus prioridades de uso. Al mismo tiempo, las autoridades del gobierno, y otras
agencias externas deben garantizar un adecuado flujo de información hacia las
mujeres y promover, en colaboración con ellas, que tengan suficiente elección y
opciones, también a largo plazo. Tiempo, experticia y recursos suficientes
deben ponerse a disposición para tal propósito, durante todas las etapas de la
toma de decisiones y la implementación y a todos los niveles del manejo de
cuencas .
·
Antes
de introducirse, se deben haber analizado cuidadosamente los impactos
diferenciales de las medidas legales o institucionales nuevas sobre hombres y
mujeres; y cómo afectarán los diferentes derechos y responsabilidades de unos y
otras en el manejo del agua, especialmente en lo que se refiere a la propiedad
de tierras, la toma de decisiones sobre la elección de cultivos, los métodos usados
y los acuerdos colectivos e
individuales de trabajo.
LITERATURA
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· Vincent, L., Gender Perspectives in River Basin Planning, presented at the
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· Wolvekamp, P.S. et al. (ed), Forests for the Future. Local Strategies for Forest Protection,
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· World Bank, Water Resources Management. A World Bank Policy Paper, 1993
· World Bank, Assessing Aid. What works, what doesn’t and why, Washington, 1998
[1] Este informe se
ha enriquecido con las opiniones, escritos, comentarios personales y el apoyo
de Marcus Colchester, Suzan George, Nicholas Hildyard, Patrick McCully, Linden
Vincent, Irene Dankelman, Oswald Quintal, S.T. Somasekhare Reddy, Daoud Tari,
Elias Dias Pena, Hildebrando Velez, Sandra Claassen, Medha Patkar, Shripad
Dharmatikaya, Malia Bouayad, Frank Rijsberman, Ton van Eck , Vijay Paranjpye,
D. Narasimha Reddy, Rosaline Gardiner, Margreet Zwarteveen y E. Venkat Ramnyya,
entre otros.
Este documento fue editado por Danielle Hirsch, Stefanie Jeukens y Paul Wolvekamp.
[2] En este documento el enfoque se hace sobre el manejo de las cuencas . Sin embargo, debe destacarse que la mayoría de los análisis presentados, se relacionan de hecho estrechamente con el manejo de todos los ecosistemas de agua dulce.
[3] Debe destacarse que todos estos grupos han tenido que hacer frente a los problemas específicos relacionados con el acceso y la distribución de beneficios. La presión sobre su sostenimiento económico y social difiere ampliamente. Mientras tanto, la característica común de todos estos grupos es que no participan efectivamente en la toma de decisiones y en el manejo de los recursos, y son por tanto, incapaces de definir sus necesidades e intereses relacionados con el uso de estos recursos. Esta es la razón por la cuál la sostenibilidad de sus condiciones de vida está amenazada. Para algunos de estos grupos (especialmente las comunidades indígenas), el actual manejo y formulación de políticas ya ha afectado su sustento, desde una perspectiva ecológica así como socioeconómica y cultural.
[4] Debe destacarse que la fragmentación y regulación de los ríos no es solo un problema de los llamados países en vías de desarrollo. Las represas, la regulación de los cauces para operaciones de reserva, la irrigación, y la transferencia entre cuencas ha alterado el 77% del total de las descargas de agua de los 139 ríos más grandes en el hemisferio Norte (Europa, Norte América y la antigua Unión Sovietica).
[5] Este enfoque ha sido ahora adoptado por el Departamento Británico para el Desarrollo Internacional (DFID)
[6] Se establece, sin embargo, que las opciones de subsistencia pueden estar determinadas por una combinación de condiciones ambientales y fuerzas del mercado, las cuales obligan a algunos a producir para un mercado globalizado a un nivel de subsistencia. En otras palabras, el acceso a los mercados no ofrece garantía para la prosperidad y sostenibilidad local. La distinción entre la producción de subsistencia y la de excedentes crece a medida que se acentúa la vulnerabilidad de los productores de excedentes dentro de la corriente principal de la economía. Lo ilustra la dependencia creciente de los campesinos locales que son integrados a sembrar monocultivos para la exportación.
[7] Debe destacarse que las prioridades en el uso del agua son también un reflejo del actual acceso y derechos al agua; si los grupos socialmente más débiles obtuvieran un mayor y más equitativo acceso al agua, la probabilidad de que las prioridades de su uso cambien es alta.( M. Zwarteveen)
[8] De hecho, la resistencia hacia el uso de estas tecnologías está
creciendo, porque se dice que reflejan las ‘voces del poder’ y niegan el hecho
de que otros elementos más que información geográfica son válidos en el manejo
y la planificación. (Ver
“Navigation in the information age: Potential use of GIS for sustainability and
self-determination in Hawaii, de Cogswell y Schiotz, 1996).
7 Basado en lo comentado por S. Claassen y PROEQUIDAD, Herramientas para construir equidad entre mujeres y hombres, Manual de Capacitación, Colombia 1995, p. 41-44.
[10] El Banco Mundial nombró la Comisión Independiente, la cual revisó la represa Sardar Sarovar y proyectos de irrigación en la India.
[11] McCully estima que a fines de los 80s aproximadamente 250 billones de dólares del dinero público han sido gastados en irrigación en los países en desarrollo, casi todos ellos en modelos de grandes superficies.
[12] De manera más general, la prevención de la pobreza y demandas de destrucción ambiental requiere, primero que todo, que las sociedades occidentales y las economías que están emergiendo en el Sur, abandonen los niveles de consumo y producción cada vez menos sostenibles. El reto está en diseñar y adoptar caminos social y ecológicamente benignos dirigidos a satisfacer y suplir las necesidades.
[13] El hecho de que algunas de las compañias involucradas en el manejo del agua estén estableciendo sus propios estándares sugiere una mayor sensibilidad hacia las necesidades de la población local y medio ambiente. (Colchester 1999; 53).
[14] Por ej: La Declaración de los Derechos Humanos de las NU, la Convención de la Biodiversidad, Convención OIT artículo 169
[15] Estas ONGs deberían contar con un número de características, las cuales son posteriormente especificadas en la sección 2.6.
[16] El potencial de los sistemas de producción a pequeña escala e intensivos requiere mucha más atención. Estos sistemas, a menudo basados en planteamientos tradicionales hacia los recursos naturales, pueden competir con la productividad por hectárea de sistemas a gran escala intensivos en capital y extensivos en mano de obra.
[17] Este es en particular el caso en las áreas secas con suelos pobres.
[18] Por ejemplo en la India todavía existen más de medio millón de tanques de los cuales muchos contienen hoy en día basura y sedimentos
[19] Es importante notar que género habla de establecer un equilibrio correcto entre la integración de mujeres y hombres en el manejo del agua y de compartir equitativamente los costos y beneficios de ese manejo. Por lo tanto, el énfasis no debería ser exclusivamente hacia la posición de la mujer, sino hacia su posición respecto a la del hombre.